Biblia

Siempre triunfará el bien

Por favorinicia sesiónoregístrate to do it.

Poco casos de injusticia, criminal e indignante, nos contará la Biblia como el de la viña de Nabot, narrado en el capítulo veintiuno del primer libro de los Reyes.

Era Ajab el rey de Israel y tenía una mujer mala de verdad, la impía Jezabel. Al rey se le ocurrió comprar la viña pequeña de un pobre y buen hombre del pueblo, Nabot, que la había heredado de sus padres.

A la propuesta de compra por el rey, que le ofrece otra viña mejor, o bien el pago en dinero contante y sonante, responde Nabot, llevado de su piedad filial:

– ¡Lejos de mí desprenderme de esa heredad de mis padres!

El rey se molesta, se pone triste, se tumba en cama cara a la pared, no quiere comer, está de mal humor, no habla con nadie… Pero, sabedora su mujer del asunto, le dice sin más:

  • ¿Eso te preocupa? ¿Y tú eres el rey de Israel?… ¡Déjamelo por mi cuenta! Ya lo arreglaré yo…

Y sin más, la mala hembra pone manos a la obra. Escribe cartas a los ancianos y jefes de la ciudad donde vive Nabot, con este encargo preciso:

  • Pregonad un ayuno, y, al reuniros, poned a Nabot en primera fila. Buscad dos testigos falsos, fáciles de corromper, y que depongan contra él: Ha maldecido a Dios yal rey. Juzgado y condenado, lo sacáis fuera y lo matáis a pedradas.

La carta iba con el nombre del rey y refrendada con su sello.

Ante la orden de la mujer, los ancianos y jefes ejecutan el plan con toda precisión. Los dos testigos se colocan frente a Nabot, y, al verlo, lo señalan amenazantes con su dedo acusador:

-¿Éste?… ¿Éste?… Si es el que ha maldecido a Dios y al rey. ¡Nosotros somos testigos!…

Como la blasfemia estaba penada con la lapidación, y bastaban dos testigos, la sentencia fue ejecutada sin dilación. Jezabel, enterada de la ejecución, corre satisfecha y feliz a su marido:

  • ¡Arriba, Ajab! ¡Se acabaron las lágrimas! Vete a tomar posesión de la viña de Nabot, porque ya no vive, que está bien muerto…

El rey se posesionó de la viña de aquel pobre, que la amaba tanto, porque era un sentido recuerdo familiar. Pero la palabra de Dios no se hizo esperar. El profeta Elías se presenta al rey, y le anuncia severo:

  • En el lugar donde los perros lamieron la sangre de Nabot, lamerán los perros también tu sangre… ¿Y Jezabel? Los perros se la comerán al pie de la muralla…

La doble profecía se cumplió al pie de la letra. La tropa del rey de Aram le clavó una flecha a Ajab en medio de la batalla. Y en cuanto a su mujer Jezabel, el nuevo rey Jehú, al verla en la ventana pintarse y ponerse muy coquetona, dice a los criados que estaban con ella:

  • ¡Tiradla por la ventana aquí abajo!

Su cuerpo se estrelló contra las piedras, la sangre salpicó la muralla, los caballos lapisotearon, y, cuando fueron por el cadáver para enterrarla, no quedaba más que elcráneo, los pies y las palmas de las manos. Todo el resto se lo habían comido losperros…

Sí; una historia trágica de verdad. Y que hace reflexionar tanto…

Ajab, Jezabel, los testigos falsos, los ancianos y jefes que se venden… todos éstos, ¿no son acaso imagen de lo que tantas veces han contemplado nuestros ojos?…

Las dictaduras —sean del signo que sean— no tienen entrañas. Y, para hacerse con los bienes de los débiles, pisotean todas las leyes divinas y humanas.

En la sociedad de consumo, nunca se tiene bastante. Los caprichos mandan. Igual que acontece en este pasaje tremendo de la Biblia. Porque nos preguntamos: ¿Cómo es posible que un rey, que tenía lo que quería, había de hacerse también con la viña de un pobre, sólo porque le gustó?… Cuando hay dinero, y cuanto más se tiene, más senecesita. Sólo el pobre está feliz y se contenta con poco.

Nabot prefería su viña pequeñita a los extensos viñedos del rey…

Y el rey, con tanto en su poder, no tenía aun bastante porque le faltaba la viña del pobre Nabot…

Al ver el éxito de un hombre grande, se ha dicho certeramente: Buscar la mujer. En una parte o en otra está escondida. Y no falla. Al lado del hombre con éxito, hay una mujer inteligente y buena, que intuye, aconseja, anima…

¿Y al lado del hombre fracasado? ¿No habrá que buscar también a una mujer, aunque bien diferente?…

Nos lo dice con sobrada elocuencia el hecho de la Biblia que comentamos. Si hacemos la lista de las mujeres malas, malas, que han pasado a la Historia, el nombre de Jezabel sube muy arriba en esa lista deshonrosa y fatal.

¡Hay que ver lo doloroso que resulta el contemplar a la mujer mala, y el comprobar los límites hasta los que se extiende su influencia malhechora!…

¡Y hay que ver lo encantadora que es la mujer buena, y hasta dónde se extiende su fuerza bienhechora!

Como lo son las mujeres de nuestras tierras. Amantes de su hogar y dadas del todo a sus deberes familiares y cristianos, esas mujeres nuestras —jóvenes lindas, esposas, madres, novias— nos enorgullecen de verdad y es inconmensurable el bien que nos hacen a todos.

Un crimen tan execrable como el de Jezabel enseña muchas cosas. La principal, que el malo puede triunfar de momento; pero, al fin, el que triunfa es el inocente que sufre, porque Dios está siempre con él, y contra Dios no puede nadie.

La riqueza de la Iglesia
Un solo corazón