Por favorinicia sesiónoregístrate to do it.

Ya estamos metidos de lleno en la Cuaresma, y el primer cuadro que la Iglesia nos presenta en este Domingo es el de un Jesús tentado por Satanás. Marcos no nos hace la descripción detallada de los otros Evangelios sobre las tentaciones de Jesús en el desierto. Es muy escueto. Pero con cuatro pinceladas magistrales nos abre todo un mundo a nuestra mirada, cuando nos dice:

  • El Espíritu lanzó a Jesús hacia el desierto y allí permaneció durante cuarenta días, tentado por Satanás. Habitaba con las fieras, y los ángeles le servían.

¿Qué descubrimos en estas expresiones?… Adivinamos en ellas todo el ministerio de Jesús y vemos también lo que va a ser lo que tiene que ser toda la actividad evangelizadora de la Iglesia y de cada uno de nosotros, a saber:

un dejarse llevar del Espíritu Santo, empeñado en establecer el reino de Dios,

una lucha sin cuartel contra el enemigo, que no quiere soltar el dominio del mundo, un renovarse a sí mismo para renovar la tierra,

y un confiarse en las manos de Dios que cuida de todos los suyos con amor.

El Espíritu Santo va a guiar toda la vida de Jesús, porque El mismo nos atestigua que no quiere hacer sino la voluntad de su Padre.

La lucha con Satanás va a ser implacable. Pero Jesús no se le va a rendir. El demonio gritará furioso una vez ante Jesús:

  • ¿Qué tienes que ver conmigo tú, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a arruinarme?…

Y Jesús le contestará con imperio:

  • ¡Cállate, y sal de aquí!

Jesús y Satanás son dos fuerzas que se declaran la guerra abierta. El infierno detenía hasta ahora el imperio del mundo, pero viene uno más fuerte que se lo va a arrebatar para entregarlo a Dios.

En medio de su austeridad durante aquellos días tan duros, Jesús habita pacíficamente con los animales salvajes. En Jesús, vuelve el hombre a la paz con la creación del paraíso terrenal. El hombre nuevo, convertido a Dios, hará una realidad ese sueño de un Mundo Mejor, el mundo que Dios quería al principio y lo estropeó el demonio con su victoria sobre Adán y Eva.

En este mundo nuevo será Dios el Padre amoroso, y los ángeles del cielo se complacerán en servir a todos los salvados igual que sirvieron a Jesucristo.

Hasta aquí, lo que el Evangelio dice de Jesús. ¿Y no es ésta nuestra historia? ¿No nos vemos retratados aquí? ¿No es la Iglesia la protagonista de la lucha entablada hoy contra el enemigo del género humano?…La Iglesia ha visto siempre en estas tentaciones de Jesús y en su victoria sus propias tentaciones y su propio triunfo. Ha calibrado la lucha y no se rinde nunca. Ha aprendido estrategia, ha corregido errores, y sigue adelante en su empeño de establecer el Reino de Dios a pesar de todos los pesares…

El Espíritu Santo en nuestros días ha hablado a la Iglesia, a la Iglesia universal y a todas las Iglesias particulares, para que se renueven sin miedo, acepten los desafíos del mundo, y se den con amor a ese mundo que hay que salvar. ¿Qué otra cosa ha pretendido el Concilio Vaticano II, y en nuestra América más en concreto Medellín, Puebla y Santo Domingo?… Si somos fieles al Espíritu, está asegurada la victoria de Jesucristo y de su Iglesia. Cielo y Tierra se habrán unido para establecer y celebrar el Reino de Dios.

Cuando hablamos así, tan en general, de Jesucristo y de la Iglesia, es muy posible que nosotros, como particulares, nos escapemos del problema. Lo cual sería ciertamente una equivocación lamentable.

No, eso no. Porque Iglesia somos nosotros, y para mí y para usted y para todos en singular va este Evangelio en cada uno de sus detalles.

¡Hay que dejarse guiar del Espíritu Santo, y no del espíritu infernal que actúa en el mundo! Nos vienen soplando al oído con muchos errores, y nosotros no les podemos hacer ningún caso, como no se lo hizo Jesús al tentador que le venía en los días de su ayuno: ¡Come, bebe, no seas tonto y pásala bien! ¡Venga, hazte célebre, que todos te aplaudan! ¡Hazme caso a mí, que te prometo lo que nadie te puede dar!…

Jesús no hizo ningún caso a Satanás que así le hablaba. ¿Por qué nosotros hemos de prestar oídos a quien nos viene con palabras seductoras para hacernos tambalear en nuestra fe y en nuestra fidelidad a Dios?…

Hoy se ha puesto de moda el demonio. Se habla de él en novelas, se le dedican

películas, y ¡qué horror también! se fundan sectas e iglesias satánicas para adorarlo… El demonio, que es astuto, calla. Su estrategia mejor es pasar desapercibido. Pero el maldito sabe lo que se hace. Han estado de moda también los exorcismos, por más que en muchos no hay sino pura imaginación. Aunque en uno famoso, en el que hubo de intervenir la autoridad de la Iglesia con toda determinación, el demonio hubo de confesar, obligado, decía él, por el de arriba: No podemos nosotros nada contra los que reciben los Sacramentos, contra los que invocan a la Gran Señora y obedecen al Papa.

Esta vez, “el padre de la mentira” tuvo que decir la verdad que le reventaba: nada tenía que hacer con los que reciben la Eucaristía, aman a la Virgen y son fieles a los Pastores de la Iglesia…

El cristiano, tentado y victorioso. Como Jesús en el desierto, igual. Como toda la Iglesia, igual. Y como Jesucristo y toda la Iglesia, convocado también a fiesta con los Angeles de Dios. ¿No vale la pena volverse a Dios con toda el alma en esta Cuaresma para gozar después de una Pascua feliz que no acabará?

Segundo Domingo de Cuaresma B - Marcos 9,2-10.
Miércoles de Ceniza B.