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Dos escritores famosos van a inspirar nuestra reflexión acerca de un tema que hoy preocupa a todos: la familia. Uno de los dos escritores se muestra optimista, ve la maravilla de Dios que es la familia, y responde:

  • ¿Quieren saber ustedes dónde está la fuerza de los pueblos? Yo la contemplo cada día desde mi ventana. Mirando la cordillera adivino la feracidad de nuestros campos. La familia, el trabajo, las sanas costumbres de nuestros hogares, bajan del anciano al joven, igual que bajan de las cumbres nevadas los manantiales a regar las plantas tiernas que crecen en los valles… (Coloma)

Este escritor se muestra algo poético. El otro escritor diagnostica como un médico y nos habla con lenguaje severo:

  • Mi opinión sobre la familia quizá no guste a nadie. Cuando el hombre tiene la sangre mala, le salen eczemas en la cara. Terribles eczemas descubrimos también en el rostro de la sociedad actual. ¿Cuál es su raíz? La sangre impura. ¿La sangre? Sí; las familias enfermas dieron una sangre podrida al cuerpo de la sociedad (Tihamer Toth)

Al celebrar hoy la Fiesta de la Sagrada Familia, en medio de las alegrías navideñas, estos dos escritores vienen a infundirnos un poco más de ilusión, pero a la vez nos inspiran algunos temores. Aunque mirando nosotros la imagen que nos da del hogar la bendita Familia de Nazaret, vemos que sí, que los males de los hogares modernos tienen curación posible y segura si sabemos conformarlos con el ideal de familia que Dios nos trazó en su propia Familia, la que Él se formó aquí en la tierra.

El Evangelio de este día nos narra una escena entrañablemente familiar en el pueblo judío, como era la presentación del hijo primogénito en el templo. María y José han escuchado maravillas sobre su niño. Se regresan a casa, y empieza la vida normal de cada día. Puesto el evangelista a resumir todo lo que acontecía en aquel hogar encantador, se fija sólo en el hijo, deja adivinar la acción e influencia de los padres, y dice lacónicamente:

  • El niño crecía y se robustecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios se manifestaba sobre él.

No dice más, pero tampoco dice menos. Ese crecimiento humano de Jesús no hubiera sido posible en un hogar deshecho o formado a medias.

Pero Jesús tuvo ante la vista, desde su más tierna edad, a un hombre honrado a carta cabal y a una madre solícita como ninguna otra.

La piedad con Dios, la fidelidad al culto, el amor entrañable, el trabajo asiduo, la amistad cordial con los paisanos, la diversión sana en las fiestas del pueblo, todo eso formó a Jesús un hombre perfecto

Y aquí tenemos para nuestras familias el espejo que Dios nos pone delante a fin de que nos miremos bien la cara. Delante de este espejo contrastamos las opiniones de los dos escritores que hemos traído en un principio. Empezamos con pensar con el más optimista, y constatamos que, en efecto, son muchos los aspectos agradables de muchos hogares.

  • Son muchos los bienes de la familia en nuestros días, con signos muy positivos que hacen entrever mucho mejor el designio de Dios sobre la institución suya más querida e iniciada en el mismo paraíso.

Por ejemplo, el crecimiento de la libertad en los hogares, pues va desapareciendo la dictadura de unos miembros sobre otros…

Esto trae consigo el respeto a la personalidad de cada uno de los miembros de la familia. Para cualquier asunto común se pide el parecer de los otros, hasta de los hijos pequeños cuando se han desarrollado lo suficiente para saber discernir a su manera las cosas…

Crece mucho también el sentido de responsabilidad en el ejercicio de la paternidad y de la educación, porque los padres saben formarse primero ellos para formar después a los hijos: asisten a conferencias, leen libros de pedagogía, forman núcleo con los maestros…

Es muy significativa también la conciencia que todos todos, no digo todas van tomando de la legítima aspiración de la mujer a gozar de los mismos derechos que el

varón: con funciones diversas en el matrimonio y en el hogar, pero los dos iguales en dignidad, en libertad y en deberes….

Otro bien es que los hogares modernos no se cierran en sí mismos. Saben abrirse al diálogo con los demás, comparten experiencias, se interesan por las cosas de la sociedad…

Finalmente, podríamos señalar como algo muy positivo esto ya a nivel de Iglesia el que los esposos participan en movimientos matrimoniales diversos y los hijos en encuentros juveniles… *

Es un gusto ciertamente, el pensar así, con algo de poesía incluso.

Pero atendemos también al escritor algo pesimista, y a lo mejor habremos de darle un poco de razón, aunque no nos gusten sus aires de doctor severo.

  • Es cierto todo lo anterior. Pero persisten nuestros temores. Es cuestión de purificar la sangre de la familia. ¿Qué decimos sobre la degradación de la sexualidad a que estamos asistiendo? ¿Qué nos parece la unión de las parejas cuando rechazan el matrimonio estable? ¿Y el aumento preocupante de los divorcios? ¿Y la debilidad de los padres en la educación? ¿Y el haberse ausentado la piedad de los hogares, de modo que ya no se hace caso ni de la Misa dominical? ¿Y la concepción materialista de la vida, de manera que ya no se conoce la austeridad, la formación seria, el respeto debido a la autoridad?… No negamos los muchos valores de la familia moderna, pero nos preocupan seriamente sus males.*

Miradas así las cosas, todos vemos que uno y otro escritor tienen bastante razón, cada uno bajo su punto de vista.

Pero todos nos damos cuenta, más que nada, de que Dios ha hecho muy bien al proponernos en José, María y Jesús una Familia ideal, la más bella que ha existido y el ejemplar de nuestras familias cristianas…

Maternidad Divina de María, 1 de Enero.
Navidad B, 25 de Diciembre.