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Al comenzar este mensaje en la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, tengo delante una postal enviada desde Italia. Es de un mosaico precioso del siglo cuarto o quinto y nos presenta a Jesús de un modo muy singular —yo al menos nunca lo había visto representado así—, como es vestido de soldado romano, con el uniforme completo, puesta la coraza y cubierto con la clámide rozagante. Toda una belleza militar. Es el soldado que vuelve victorioso de la guerra y muestra los trofeos con orgullo.

Tiene aplastadas bajo sus pies de triunfador las cabezas de dos enemigos: un león furioso y humillado bajo el pie derecho, y una serpiente que retuerce impotente sus anillos bajo el otro pie.

La cara del guerreo sonríe feliz, mientras que con su mano derecha sostiene por encima de los hombros la lanza con que ha deshecho a los enemigos y que no es otra sino la Cruz.

En la mano, un libro abierto que proclama sus títulos: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.

Esto es la tarjeta postal de ese mosaico tan antiguo, y tan artístico como lleno de la más alta teología sobre Jesucristo el Redentor.

En esta imagen que les he descrito mientras la tengo delante, vemos sin más todo lo que es y nos dice la festividad de hoy.

Jesucristo, por su Cruz, es el triunfador de Satanás.

Jesucristo el Crucificado, nos dice San Pablo, es la manifestación de la Verdad de Dios, de su justicia, su sabiduría y su amor. Por eso él no quiere otra ciencia que la de Cristo, y Cristo crucificado.

Jesús, por los méritos de su pasión y de su muerte, nos ha merecido la Vida divina que llevamos dentro por la Gracia.

Jesús, finalmente, nos ha señalado con su Cruz cuál es el Camino que nos lleva a Dios y que nos facilita el acceso a la Gloria.

Con ello, la obra de Satanás queda deshecha para siempre. Y si todavía mantiene poderío sobre la tierra, sabe muy bien que él, el dragón vencido, no tendrá otra suerte que la de una condenación eterna.

Mientras que Jesucristo, que se habrá hecho con la victoria final, reinará inmortal por los siglos, merced precisamente a esa cruz que el infierno había le había preparado.

Esto último —que la crucifixión se debió a la iniciativa del demonio— es lo que dice San Pablo con esa expresión tan enigmática y a la vez tan bella de la primera carta a los de Corinto:

  • Si los demonios, los príncipes de este mundo, hubieran adivinado los planes de Dios, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria.

Satanás pensó en eliminar de una vez por todas a Jesús, al que con acierto consideraba el Cristo prometido. Pero la cruz fue precisamente la trampa que él mismo se ponía para su propia derrota.

Esta fiesta de hoy no tiene nada de la tristeza del Viernes Santo.

Aquel día la Iglesia llora la muerte de Jesucristo. Hoy, no hace más que gozarse de la victoria que Jesucristo le ha traído con su Cruz.

Y la Iglesia, aunque no quiere presentarse como triunfadora ante el mundo, sino como servidora de todos los hombres, no tiene sin embargo ningún complejo para proclamar que la esperanza y la solución de todos los problemas humanos la tiene ella en su mano. Le basta remitirse a Jesucristo su fundador.

¿Queréis la paz? Esta Cruz ha derribado la enemistad que dividía a los pueblos. ¿Queréis eliminar los odios? Esta Cruz paga todas las deudas. Las contraídas con Dios y las contraídas con los hombres. Nadie reclama derechos injustificados, cuando Uno ha salido fiador de todos.

¿Queréis que triunfe la justicia social? Esta Cruz os enseña el camino. El Esclavo voluntario que en ella murió, abolió toda suerte de esclavitud, y saldrá como Juez a vindicar la opresión de que son objeto los más humildes.

¿Queréis honestidad de costumbres? Esta Cruz es una denuncia incontestable. Ninguno buscará placer prohibido allí donde un Dios inocente se deja destrozar a pedazos.

¿Queréis tranquilidad en vuestras conciencias? Esta Cruz os dice que Alguien se preocupó de cargar con las culpas de todos y las ha saldado en la presencia de Dios.

¿Queréis alivio en vuestros dolores? Esta Cruz os dice que el sufrimiento tiene un valor redentor muy subido, y que al fin todo acabará.

¿Queréis libraros de la esclavitud a la muerte, porque le tenéis miedo? Esta Cruz es la vencedora total de esa muerte que os preocupa. El que murió en ella, está resucitado y dice que a todos los que mueran en Él los resucitará un día gloriosos. La muerte no pasa de ser una cosa provisional.

¡Salve Cruz, esperanza única!, le dice un himno de la Iglesia.

¡Oh Cristo, Tú reinarás! ¡Oh Cruz, tú nos salvarás!, añade otro himno mil vecesrepetido.

Jesucristo vence y reina por su Cruz.

Como también el cristiano vence y reina cuando sabe abrazarse con la cruz de Cristo, cruz que lleva con gallardía día tras día, sabiendo que la vida no para en la cruz sino en el sepulcro vacío…

¡Señor Jesucristo!

Nosotros odiamos la guerra y queremos la paz. Pero, ¿nos equivocamos cuando nos da gusto el verte vestido de soldado, como les gustó contemplarte y te retrataron unos cristianos de los primeros tiempos?… ¡Gracias por la lucha que entablaste por nosotros! ¡Gracias porque nos diste la victoria con tu Cruz!… ¡Gracias y la enhorabuena, Señor!…

Todos los Santos B, 1 de Noviembre
La Asunción de María B, 15 de Agosto