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¿Quién es Jesús? … Una pregunta que parece inocente y propia del catecismo para niños. Sin embargo, es la cuestión más seria que podemos plantearnos. El Evangelio de Juan se abre con esta inquietud.

Empezaba a correr por el mundo la fama de los cristianos. Para la mayor parte de los que escuchaban esta palabra un poco rara ¡cristianos! era el nombre de una secta religiosa más dentro del Imperio Romano, que asimilaba los dioses de todos los pueblos conquistados.

Para los propios cristianos, era una palabra cargada de misterio. ¿Jesús, aquel crucificado, era verdaderamente el Cristo, el Ungido de Dios? ¿Y qué llevaba dentro de Sí ese Cristo, para que nosotros le tengamos que adorar y hasta dar la vida por Él?…

Juan viene a dar respuesta a todos. Y dice desde la primera línea de su escrito:

  • Jesús es el Cristo. Y ese Cristo es Dios. ¡Nada menos que Dios!…

Jesús es la Palabra última que Dios dirige al mundo. Una Palabra que lo dice todo, que no se esconde nada y que agota todo lo que Dios nos puede comunicar.

Una Palabra que se hace carne, que se hace hombre, que la podemos tocar. Es Jesús, un nacido de mujer. Uno como cualquiera de nosotros, que asume todas las peripecias de la vida humana.

Pero en ese Jesús vendrá a decir después Pedro Dios se manifestó poderoso en palabras y en obras. Porque hizo milagros que vimos con nuestros propios ojos y quenosotros mismos pudimos comprobar.

Igual que comprobamos después su resurrección, porque comimos y bebimos con Él después que salió vivo del sepulcro. Tomás, el incrédulo Tomás contará al final el mismo Juan se rindió ante la evidencia y exclamó: -¡Señor mío y Dios mío!…

Jesús, un hombre como nosotros, el Cristo de quien nosotros tomamos el nombre,era y es Dios, constituido Señor de cielo y tierra.

Así, de una manera un poco escenificada y dramatizada, podemos resumir todo el pensamiento del Evangelio de este Domingo.

No podremos decir que este Evangelio no contiene un mensaje bien actual. Los ateos modernos abundan más de lo que nos imaginamos. Son muchos los que niegan que Jesús sea Dios. ¿Cómo un hombre llamado Jesús va a ser Dios, si ni tan siquiera creemos que exista un Dios Creador?… Así hablan muchos.

Otros no hablan de manera tan franca ni tan descarada. Se contentan con no hacer caso del Dios que llevan dentro, clavado como una espina, y del cual quieren deshacerse porque Dios les estorba para muchas cosas. De este modo llegan a perder la fe en el Dios que antes les convencía. Dios ya no cuenta nada en su vidas.

Otros, finalmente, se han deformado la idea de Dios de tal modo que se han creado un Dios falso. Quieren para su vida un Dios que les sirva, un Dios instrumento, un Dios herramienta útil para muchas cosas… Un Dios médico que les cure en la enfermedad…, un Dios agencia de seguros que les quite problemas de encima…, un Dios remediador de casos imposibles…

A todos ellos les viene a decir ahora Juan, con esta primera página de su Evangelio, que las cosas no son así, como ellos piensan. Que miren a Jesús, y se van a desengañar de su error. Porque Jesús les va a enseñar la verdad que buscan desesperados y les va a traer la paz a sus almas. Que empiecen por entender y aceptar estas palabras del Evangelio:

  • En el principio existía la Palabra, la Palabra estaba en Dios, y la Palabra era Dios… La Palabra se hizo carne, habitó entre nosotros, vimos su gloria, y nos dio el poder de llegar a ser también nosotros hijos de Dios.

Con otras palabras, nos dice que Dios existía desde el principio, desde antes de la creación del mundo.

Que el Hijo de Dios se hizo hombre como nosotros.

Que Jesús participó de nuestra suerte sin ahorrarse ninguna de nuestras debilidades.

Que nos enseñó toda la verdad de Dios para que no caminemos más en el error.

Que ese Jesús, resucitado y Señor que está en el Cielo con el mismo poder de Dios, es nuestro Salvador, que nos ama, nos sigue con su mirada y que nos quiere junto a Sí en su misma gloria.

Cuando se lee así este Evangelio, se van del alma todas las inquietudes. Porque contamos con un Dios cercano, amoroso, providente. Un Dios que nos descubre toda la verdad por su Palabra. Y, hechos hijos de Dios en su propio Hijo, podemos contar con un Padre ¡que es nada menos que Dios!…

¡Señor Jesucristo!

Cuando Tú apareciste en el mundo se dijeron muchas cosas de ti.

A muchos les costaba el creer que un hombre tan humilde, un trabajador, un predicador que paró en la cruz… ¡pudiera ser Dios! Nosotros te confesamos Luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero.

Al aceptarte como hombre nacido de María, te aceptamos como El Cristo, como el Hijo de Dios, como el Señor.

Haz que todos los hombres crean en ti, que se abran a la luz, y que se acaben para siempre los ateos obstinados. Dales la dicha de creer y de amar. Que no esperen al final, cuando vengas sobre las nubes del cielo, para convencerse de que Tú eres el Dios-Salvador.

Que ellos y nosotros, todos juntos, nos llamemos y seamos de verdad eso que Tú nos hiciste: ¡hijos de Dios!…

La Epifanía del Señor B - Mateo 2,1-12
Maternidad Divina de María, 1 de Enero.