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¿Hay  en   todo  el   Evangelio   una   imagen   de   Cristo   tan  tierna,   tan   amorosa,   tan

significativa, como la del Buen Pastor?… Jesús mismo se llamó así: ¡Yo soy el buen pastor!

Y la verdad es que tuvo fortuna la expresión del Señor.

El pastor, que conduce el rebaño a pastos verdes y abundantes…

El pastor, que vigila los corderos y las ovejas para que ninguno se extravíe…

El pastor, que se pasa el día contemplando a los inocentes animales con un cariño

entrañable, casi como si fueran personas…

El pastor, que     defiende de las fieras el rebaño y, si es preciso, expone la vida por

salvarlo…

Jesús ha visto mil veces esta imagen en la vida cotidiana de Israel, profundiza en su propio corazón, y se retrata a sí mismo con las palabras más bellas salidas de su boca: ¡Yo soy el buen pastor!…

Piensa Jesús en tantos como han regido los destinos de Israel, se compara con ellos, y, al ver su fracaso, les opone su propia persona:

  • Delante de mí ha habido muchos pastores, pero las ovejas no les seguían, porque no reconocían su voz… Los pastores aquéllos vivían de las ovejas, se aprovechaban de ellas, no vivían por las ovejas ni para las ovejas… Esos pastores veían venir al lobo, se escapaban, y la fiera hacía destrozos en el rebaño… Eran todos unos pastores mercenarios, que no amaban a sus ovejas… Yo, no; yo no soy así. Yo conozco mis ovejas, una por una, y las llamo por su propio nombre… Ellas me siguen, porque conocen mi voz…

Yo las apaciento y las alimento, y doy mi vida por ellas…

Tiende su mirada Jesús a todo el mundo, y reconoce que hay muchas ovejas fuera de su rebaño. Y exclama conmovido e ilusionado:

  • Tengo otras ovejas que aún no me conocen. Pero oirán un día mi voz, me seguirán, y de todas ellas se formará un solo rebaño bajo el cayado y la guía de un solo pastor, que soy yo…

¿Para qué seguir repitiendo las palabras del Señor, que no cansan nunca?…

¿Es una ilusión o una exageración esto de que un pastor dé la vida por uno de eso animales queridos del rebaño?…

Hace ya bastantes años que en Andalucía se dio un caso trágico y emocionante. Un joven pastor trataba de salvar a una oveja arrastrada por una tromba de agua. Atrapado en una barranca, se encontró después su cadáver abrazado al cuerpo del inocente animal. A los seis días, el entonces Jefe de Estado y Dictador de España, abrazaba visiblemente emocionado al padre del pastor, en medio de un silencio impresionante, mientras todos tenían presente a otro Pastor, que en el Evangelio había asegurado que sabía dar la vida por sus ovejas… (El pastor Ramiro Lara, en Jaén, 18-Enero-19063. YA, 19 y 206 Enero)

Si analizamos todas las expresiones de Jesús en esta alegoría o comparación del Buen Pastor, sacamos unas conclusiones clarísimas.

Jesús conoce a cada oveja y a cada cordero en particular: ¡a mí, a mí y por mi propio nombre!…, y no precisamente a toda la Iglesia en globo, al rebaño entero…

Jesús me ama y se pasa el día se pasa su estadía en el Cielo mirándome con un cariño que yo ni sospecho…

Jesús da su vida, y la dio por mí, para salvarme a mí.

Ahora, mientras disfruta de su Cielo, ¡hay que ver cómo me defiende del enemigo, hasta

que me vea dentro de su misma gloria para siempre!…

Jesús nos alimenta a cada uno en particular, nos cuida, nos cura si enfermamos, y no nos

suelta de su mano, de la cual nadie nos podrá arrebatar…

¿Cómo sigue hoy Jesús ejerciendo este su oficio en la Iglesia? Sólo Jesucristo es el Buen Pastor. Pero confió el pastoreo ministerialmente a Pedro:

– Apacienta mis corderos, apaciente mis ovejas.

Y el Papa, junto con los Obispos y los Sacerdotes sus colaboradores, todos ellos juntos lo ejercitan en nombre del Señor. Lo hacen en el tiempo, a través de los siglos, por una legítima sucesión; y lo realizan también en todo el mundo por medio de la colegialidad, que los une a todos en Pedro y mediante Pedro con Jesucristo.

Este pastoreo del Señor por medio de sus ministros lo vemos, lo sentimos y lo palpamos sobre todo en la celebración de la Eucaristía, donde escuchamos la Palabra de Jesús como el silbo del Buen Pastor.

Al decir Jesús que sus ovejas conocen su voz, mientras que desconocen la voz de los pastores ajenos y mercenarios, nosotros tomamos nota de su advertencia. ¿Son realmente de Cristo todos los que nos vienen con nuevas doctrinas, ajenas a lo que siempre ha enseñado su Iglesia?…

Aparte de la escucha de la palabra de Jesús, en la Eucaristía nos alimentamos con el Cuerpo y la Sangre que el Buen Pastor entregó y derramó por nosotros, nos llenamos de su vida divina, y todos reunidos vivimos ya en anticipo dentro del aprisco del Cielo…

Dios quiera que valoremos siempre lo que significa y es para nosotros la Misa Dominical…

¡Jesús, Buen Pastor! Tus corderos y tus ovejas te amamos, como Tú nos amas a nosotros.

Y suspiramos ardientemente porque llegue el día dichoso en que todas las Iglesias cristianas, que se glorían de tu Nombre, se vean unidas en la única Iglesia que Tú instituiste, en un solo rebaño bajo el cayado del único Pastor…

Quinto Domingo de Pascua A - Juan 14,1-12
Tercer Domingo de Pascua A - Lucas 24,13-35